¿Qué harías si se te apareciera Jesús? Empecé a buscar en el internet apariciones celestiales a personas y veía que se le aparecía a niños o a personas pobres o diferentes. Leí sobre los índigos y cristales, y personas en el extranjero que se dicen videntes. Vi la película el Conjuro y EL MATRIMONIO que ayudaba a las personas con la percepción extrasensorial. ¿Yo a qué hora iba a poner la cámara para grabar lo que me pasaba si llegaban sin hora específica? Aparte no sabía en ese momento acerca de este tipo de investigación. Yo pensaba en el fraude de Cañitas con Carlos Trejo.

Cañitas era una «investigación paranormal» muy popular hace años

Los psicólogos siempre dicen que lo que te pasa en la vida adulta tiene relación con los estadios de la niñez. Que tu niñez te marca y tus acciones son consecuencia de tu genética y de tu ambiente social durante la niñez. Lo primero que quería comprobarme a mi misma es que si yo no estaba realmente enferma como me decía mi esposo.

Sin embargo ahora que he podido comparar mi niñez con las de otras personas, he visto que los acontecimientos que me han sucedido tienen más relación con vidas pasadas y mi niñez de esta vida es una consecuencia de lo que venía arrastrando en el pasado. Lo interesante, es que esa forma de ver la realidad del pasado tendría impacto social en el futuro.

Desde que era pequeña, recuerdo que un halo de tristeza estaba alrededor de mí. El pediatra le decía a mi mamá que había bioquímicas diferentes y que yo necesitaba continuamente tomar Phosphorus y Pulsatilla para equilibrar mi bioquímica.

Era como ver el mundo con un halo de gris alrededor. Sobre todo en Ciudad de México. Aunque yo tenía todo para ser feliz, no lo era del todo. Algo había que bloqueaba mi percepción de felicidad.

Mi primer recuerdo viene de niña, como de un año, cuando mi mamá me colocaba en la cuna y ella se iba a hacer la limpieza de la casa. Recuerdo que sufría cuando me hacía del baño y quería que me cambiaran, por lo que empezaba a llorar pero mi mamá no me cambiaba tan rápido como yo quería. Mi primer experimento fue tratar de quitarme el pañal y entender que era eso que salía por allí. Recuerdo que me gustaba usar pañal porque mi trasero estaba calientito. Sufrí cuando mi mamá me puso por primera vez un calzoncito y me dijo que tenía prohibido mojarlo, que debía ir al baño. Fallé varias veces, por lo que ella se molestaba, hasta que aprendí a controlarme.

Más tarde recuerdo cuando entré a la primaria y no sabía leer, pues mi mamá me colocó en un grupo que había pasado preprimaria y yo no. La maestra le dijo a mi mamá que si no aprendía a leer, tendría que atrasarme hacia tomar preprimaria por lo que serían dos años perdidos. Así que mi mamá decidió enseñarme a leer. Recuerdo que me sentaba a eso de las 7 de la noche con un libro de lectura y me decía que aprendiera a leer. Pero yo no entendía que era leer y porqué eso era importante. Así que me ponía las letras y luego me decía: “júntalas”. Y cuando juntaba las letras, entonces salía un sonido diferente. Yo recuerdo que no entendía cómo de dos sonidos separados entonces salía un sonido diferente y quién te decía que sonido debería de salir. Pronto entendí que muchas cosas las tenía que aprender de memoria porque no había una explicación clara de los porqués de las cosas. Suponía que si yo entendiera porqué tenía que hacer las cosas entonces podría hacerlas de un mejor modo. Empecé a entender cómo reaccionaban las personas hacia los sonidos que mi lenguaje producía, y muchas veces entendí que lo que yo sentía no se trasladaba directamente al sonido que mi boca decía, por lo que me tardaba en tratar de armar la oración para que lo que yo sentía pudiese trasladarse hacia lo que yo quería. Por esto me dio trabajo la poesía o aprender idiomas, dado que yo hacía experimentos en casa con mis muñecas. Yo pedía algo para mi muñeca, y aparecía del ambiente en cierto momento exactamente lo que la muñeca necesitaba. Es decir, había una discrepancia entre lo que mi oración pedía y lo que era necesario. El lenguaje muchas veces lo veía como sólo un botón de inicio de algo que mi pensamiento necesitaba o procesaba, pero que comprimirlo todo desde muchos puntos de vista de observación era muy difícil. Por eso entonces, ante la gente, era más callada. Y lo que aparecía era analizado por mí y entendido que era lo que realmente yo necesitaba y a veces no había visto el todo para poder definir lo que quería para esa situación particular.

En mis tiempos de niña, recuerdo que miraba por la ventana del departamento donde vivíamos y veía los volcanes Popocatepetl e Itztlacihuatl por las mañanas. Siempre me parecieron bellísimos. Enfrente de la casa, pasaba un trolebús al cual se le zafaba una antena justo enfrente de la casa y veía como el chofer se bajaba y lo arreglaba. Después, en el tiempo, empezaron a pasar camiones, de los cuales salía humo gris que nublaba la vista hacia mis apreciados volcanes. Me preguntaba porqué el chofer dejaba que saliera humo gris si nublaba la vista de los volcanes. Mi espíritu de curiosidad empezaba a despertar.

Recuerdo que a escasos 5 años, cada mañana veía a mi mamá desde abajo y le pedía mi naranja diaria. Yo recuerdo que me sentía como parte de mi mamá, y no lograba distinguir que ella era una persona diferente a mí. La amaba intensamente. Recuerdo que me sentaba en la esquina del tocador donde ella se maquillaba y batallaba para colocarse el delineador, y yo la dirigía para colocárselo, cómo si yo ya supiera como hacerlo. Con el tiempo, establecimos una relación más de hermanas que de madre e hija. Había muchas cosas que yo ya sabía de ella.

Recuerdo que mi mamá y abuela me querían mucho. Igual mi tío Edmundo, el hermano menor de mi mamá.

Mi tío Edmundo, hermano de mi mamá. Jesús me dijo que él era Jorge Bolena. https://pt.wikipedia.org/wiki/Jorge_Bolena

También mi tía Alicia, la hermana menor de mi mamá y mi abuelo materno. Recuerdo cómo veía la tranquilidad de mi abuela, y me gustaban sus dedos de los pies cortos. ¡Yo me veía mis pies y pensaba que mis dedos se quedarían cortos si los colocaba en zapatos pequeños y así lo hacía! Los único que logré fue que mis dedos se hicieran chuecos por lo que me arrepentí de mi experimento toda mi vida.

En mi familia, había una división muy fuerte por los puntos de vista hacia las creencias religiosas. En la parte materna, había una tendencia hacia el catolicismo por mi abuelas y por parte de mi padre una tendencia hacía una doctrina revolucionaria basada en profecías llamada “El libro de la Vida Verdadera”.  https://librosespirituales.wordpress.com/

Me formé con una visión mixta de la religión, por una parte conservadora y por otra parte más liberal.

Me gustaba jugar con mis hermanos. Recuerdo que mi hermano Pepe que estaba más chico que yo, era muy inquieto y travieso. Brincaba en la cama y no nos dejaba en paz. Luego llegó otro de mis hermanos y recuerdo que mi mamá dejaba de ponerme atención por lo ocupada que estaba. La pared parecía un lienzo de arte del cual quedaban espantadas las visitas que llegaban a vernos a la casa. Pero estábamos creciendo.

Entendí el juego entre hermanos y tomar tu lugar entre el equipo. Mi hermano Pepe se conformó como el líder investigador así que yo seguía sus pasos. Entendí que formé una especie de dependencia emocional con mi hermano, pues como varón, le permitían hacer más cosas que a mí. Mi papá me recomendaba estar “quietecita” pues era lo esperado de una niña. Acorde a las reglas impuestas por él en la casa. Yo me consideraba una persona obediente y con ilusión.

Un día llegué a la casa y le pregunté a mi mamá: Mami, ¿Qué es un novio? Y ella me dijo que era un amigo. Se lo pregunté porque mi compañera Elena del Colegio me recibió con un grito en mi cara porque la maestra me había sentado junto a un niño que le gustaba a ella. Lo recuerdo: José Antonio. Un niño rubio que el primer día de estar sentada junto a él se orinó en los pantalones y la maestra me cambió de asiento. Elena ya no estaba enojada, de que le hubiese quitado a su “novio”. Yo no entendía porque se peleaban por los niños cuando yo tenía 4 hermanos en casa y eran muy ruidosos. ¿Amigo? Ya tenía a mi hermano, por lo que no esperaba tener más “amigos” en la escuela. Así que tener pleitos por niños no fue de mi interés.

Mi papá José, Mis hermanos, mi mamá y mi abuela, mamá de mi mamá. México.

Recuerdo que jugaba con mis hermanos en el estacionamiento del edificio donde vivíamos y un día pasó un niño blanco, con cabello negro. No se veía de tipo mexicano, pero me dijo que había venido por mí y que me fuera con él. Pero yo no podía salir por los barrotes del edificio y además mi mamá me dijo que no podía irme con nadie, así que recuerdo su carita triste y su despedida de mí. Fue dos veces por mí. ¿Quién era? Era un niño más grande que yo, y nunca supe si era real o era alguno de los que veía y los demás no. Era común eso para mí.  

Recuerdo asimismo cómo me gustó mi primera comunión. Yo tenía 9 años y estaba en segundo de primaria. Recuerdo que escogí un vestido con crinolina amplia y un gorro que me cubría la cabeza. Mi mamá siempre me cuidó mi intimidad por lo que siempre usé un short rojo y tenía prohibido quitármelo en cualquier lugar, excepto cuando iba al baño. Era algo tímida y recuerdo como percibía mi alrededor con asombro y ansiedad.

Mi abuela siempre me cortaba el cabello para dejármelo corto. Yo soñaba con tener mi cabello largo como las demás niñas, pero mi mamá decía que era más práctico tenerlo corto. Con el tiempo, me lo dejaron crecer y disfrutaba haciéndome mis colitas al lado de mi cabeza.

El vestido que me encantó de mi primera comunión. Yo deseaba el gorro sobre la cabeza. Luego supe que era el mismo estilo que los Tudors.

Mi abuelo a veces nos llevaba al colegio y ponía el radio, donde yo escuchaba la hora en la famosa frase de “Haste, Haste la hora de México” y me daba ansiedad el escuchar ese tipo de grabaciones sin armonía. Siempre admiré a mi abuelo por su tranquilidad y paz que me inspiraba. Siempre hablaba conmigo y me aconsejaba a portarme bien y que fuera libre y responsable. Recuerdo cómo me decía que la gente debería ser independiente y hacer cosas por las que se sintiera orgullosa. Recuerdo como me quería enseñar a aprender de bancos.

Este tipo de comerciales me daban mucha ansiedad

Tuve mucho apego a la familia de mi mamá. Mi tío siempre jugaba conmigo y me hacía cosquillas, enfrente de mi abuela. Jugábamos mucho y a menudo me quedaba a dormir en casa de mi abuela. Sentía el amor de mi familia hacia mí. Se estableció una competencia entre mi papá y mi tío hacia mí, pues el carácter fuerte y lejano de mi papá y el carácter afable y juguetón de mi tío me atrapaban. Lo veía como un hermano mayor. Me enseñaba a lavar las llantas del carro y hacíamos experimentos de óptica juntos. Mi abuelo nos repasaba las lecciones escolares del día en el cuartito de la muchacha donde repasábamos todas las lecciones junto con mis hermanos. Realmente en la familia de mi mamá había un valor muy grande hacia el aprendizaje.

No era igual con la familia de mi papá. Mi abuela me discriminaba porque yo no era “güerita” como mi prima hermana y además era “gorda”, ya que la comida yucateca siempre me gustó mucho. Mi debilidad era el frijol con puerco y las tortas del hipocampo, así que cuando había oportunidad, no dejaba de comer. Era algo que aprendí de mi papá, pues de chica era melindrosa, pero mi hermano Pepe comía tan bien y mi papá lo quería tanto, que empecé a comer. Yo he querido mucho a mi hermano Pepe. Jesús me dijo que el era Eduardo VI. Yo estaba feliz.

Mi hermano de mi otra vida, Eduardo.

Al igual que la vida pasada, mi hermano ha tenido problemas con los pulmones. y su aspecto físico de la niñez fue igual.

La familia de mi mamá me enseñaba a cuidar mis juguetes y la familia de mi papá a destruirlos, pues “para eso son”. Lo que hizo que al crecer yo tuviera dos puntos de vista diferentes del mismo evento. Restricción y libertad. Era como estar en un supermercado y aprender a tomar diferentes percepciones y armar tu propia personalidad. Ambas familias eran dogmáticas en sus creencias, por lo que yo desde el punto medio observaba. Un día, le pedí a mi mamá cambiarme de escuela, e irme a una escuela que me llamó la atención: El colegio de Montaignac.

¿Por qué hice eso? Porque deseaba comprender. De pequeña, cuando jugaba con mis muñecas, pedía que cosas aparecieran y éstas aparecían. Le decía a mi mamá o a mi papá si ellos podían leer mis pensamientos porque yo no decía lo que deseaba y cosas aparecían. Sucesos y cosas materiales. Creía que la vida era como yo la veía. Pequeñas cosas que sucedían. Les llamé “Puntitos de felicidad”.

Estudiaba en el Colegio de Montaignac, de monjas francesas, y me regocijaba cada vez que teníamos que estudiar moral. Mi pasatiempo de niña era ver cuántas veces al día no seguía los mandamientos y le puse una serie de colores a la energía de los mandamientos, que me hacían ver que tanto se formaban colores brillantes de felicidad por el logro. El recordar a mi padre del cielo, era lo más maravilloso que tenía en la vida.

Recuerdo mi gusto por vestirme con mi uniforme de la escuela francesa. Teníamos que usar blusa, jumper y un delantal blanco. Yo disfrutaba mucho ponerme capas de ropa, e ir bien uniformada sin alterar de ninguna forma las reglas que se me dictaban.

Derivado de mi forma de ser algo tímida, me hacían bullying en la escuela. Ahora, con el tiempo veo que el encontrar tu propia marca de comportamiento es un reto en la niñez. No era igual, ya que no podía competir con el nivel económico de las niñas de la escuela por lo que me molestaban. Y como no me defendía, más. Un día, le puse el pie a una niña que me molestaba y se cayó. Ahí me dejó de molestar. Había niñas que ya tenían novio y se comportaban de una manera más adulta que yo, que veía las caricaturas en la tele y no veía novelas, pues los quejidos continuos de las mujeres en las novelas me fastidiaba. Me gustaba reír. Y mi entretenimiento favorito eran los 4 fantásticos. Me encantaba ver a Reed Richards. Ese si me gustaba. Un super héroe científico.

Los 4 fantásticos que vi por primera vez

Mis papás nunca fueron practicantes fieles de la fé católica donde nos estábamos formando. Recuerdo que mi papá me decía que cuando eran pequeños, ambos estuvieron en un colegio protestante y creo que eso los marcó. Nunca fuimos a misa los domingos y era permitido poder discrepar de los cánones de la iglesia. Recuerdo que yo siempre me enfocaba en el estudio y aplicación de los 10 mandamientos pero no entendía el porqué no ir a misa era considerado un pecado mortal. Si yo leía la biblia diario, ¿Porqué tenía que ir a escuchar lo mismo en la iglesia? Aparte no se podía hablar en la iglesia o compartir puntos de vista. Por esa razón yo seguía adelante con mi forma de vivir la vida.

Recuerdo que tenía una compañera de escuela llamada Martina. Morena, de grandes ojos negros que venía de algún lugar de México pero que no sabía escribir su firma por lo que mis compañeras se reían de ella. La prefecta un día entró al salón y nos regañó. Yo admiré a Martina por su valentía de enfrentarse a una escuela tan diferente y más porque decidió tomar los hábitos de monja. Yo recuerdo que me gustaba mucho rezar el padre nuestro en español, inglés y francés y observar el comportamiento de las monjas. Yo platicaba con ellas, y en tercero de secundaria, quería ser monja. Llevaba rosas a la virgen de la Iglesia de la Medalla Milagrosa con mi vestido blanco de mi primera comunión. Mi pasatiempo era leer el Apocalipsis y el Génesis.

Me encantaba ir a las noches coloniales y ver cantar a los Lasallistas. La estudiantina me encantaba pero era algo prohibitivo para mí, pues por cuestión económica, mi mamá no me dejaba ser parte de ella.

Mi mayor dolor fue que una amiga chiapaneca compañera mía en la escuela, murió una navidad por una congestión alcohólica y fui a la misa donde encontré a su mamá que me regaló una muñequita vestida de Chiapaneca. Nunca imaginé cómo Chiapas estaría en mi vida desde aquel momento.

Mi pasatiempo era ir a Plaza Universidad, tan de moda en ese tiempo. Las banderillas de Helen´s eran mi sueño semanal.

Mi abuela me regalaba licuados de mamey con leche y coca cola con helado de vainilla.

Recuerdo que mi abuela materna me regaló un roperito con juguetes de casita de cuando ella era chica. Nunca lo olvidaré. Sin embargo, me frustraba que en las navidades me regalaran muñecas. Yo quería muñecas que hicieran algo, porque me aburrían tremendamente, por lo que andaba siempre viendo a mis hermanos jugar sus juguetes. Recuerdo que mi mamá me preguntó si alguna vez quería una Barbie (La Barbie tenía una amiga llamada Bárbara) pero realmente mi sueño se hizo realidad cuando me regalaron a la mujer biónica, porque podía “oír” con su oído biónico. Recuerdo el cuerpo de la mujer biónica, y realmente me ayudó a forjarme una idea del tipo de mujer que me quería convertir: Una mujer científica. Me identifiqué con ella rápidamente así como con Susie Storm de los 4 fantásticos.

Casi no tuve muñecas. Esta fue siempre mi preferida

Realmente nunca me llamaron la atención las mujeres comunes, de casa. Yo siempre soñaba con ser alguien que hiciera algo difícil…y cuando mi maestra de Química de la secundaria me felicitó en público por mis excelentes calificaciones en Química, sabía hacía dónde me dirigía. Me quedaba extasiada con la Biología y las clases de literatura.

Mis compañeras de clase adoraban al nuevo profesor de Química, pero en mi mente siempre hubo un perfil definido de hombre que me gustaba: Delgado, blanco y de cabello negro. Es algo que lo tenía fijo en mi mente. De ojos cafés y con barba tupida pero rasurada.

Cuando le pedía mi mamá una muñeca más compleja, me dio en brazos a mi hermano Ricardo para que le ayudara, eso si era complejidad. Aprendí con él. Lo veía como una especie de muñeco y me encantaba su sonrisa. Aprendí a darle de comer y a entender cómo un bebé funciona y necesita del amor de sus padres.

Así como aprendí a leer con lo más complejo, en mi vida se han presentado situaciones donde tengo que salir adelante a pesar de que no sé cómo abordar el problema. Mi padre siempre me decía “Levántate” y mi abuela materna era bastante fuerte para enfrentar las adversidades. Ellos me empujaron a no tomar en cuenta las adversidades, sino en poder seguir adelante en lo que querías hacer.

Cuando lloraba por alguna razón, mi abuela me decía: “Hasta llorando te ves bella”, y me empujaba a salir adelante. Me escuchaba. Y recuerdo que participaba en mi vida como alguien de mi edad, tomando partido de mi problema. Me decía que hacer y a veces tomaba acción si algo estaba haciendo mal. Tanto mi padre como mi abuela me protegían como águilas por lo que era muy difícil que alguien pudiese entrometerse en mi vida. Mi mamá tenía una sutilidad de saber todo acerca de nuestra vida, porque nada era secreto en la casa. Absolutamente todo era sabido por mi madre, la cual dirigía hacia donde ir.

Al estar en escuela religiosa, teníamos compañeras que jugaban OIUJA en las tardes. Asimismo, recuerdo que las chicas de mi salón despertaban en la adolescencia con un arrebato de querer ser libres para gozar de su sexualidad incipiente. Pareciera que estaban más enfocadas en su arreglo personal que en los estudios, contrario a los concursos por ser el primer sitio de conocimiento mensual que yo jugaba con una compañera cercana. Había una chica que yo consideraba más lista que yo, y ella también era más popular. Podía hacer deporte de una mejor forma que yo. Mi pie plano y mi tabique desviado me hacía difícil respirar. En ese entonces, yo era más introvertida y dado que mi padre no me dejaba maquillarme, me sentía fea.

Recuerdo que algunas compañeras se burlaban de mí porque me decían que yo era muy confiada y que creía en las cosas. ¿Pero cómo no iba a creer si yo vivía en un mundo con una percepción más profunda que los demás…y no lo sabía? El no ver igual los acontecimientos hacía que me sintiera rara y diferente. Pero había varias cosas en las que yo discrepaba de la mayoría, como por ejemplo comer chile piquín y Miguelito. Siempre me gustó comer natural, por lo que el germen de trigo con limón y las alcachofas que llevaban mis amigas eran un gusto gourmet para mí.

Valoraba mucho mi lonchera de los Dukes de Hazard y mi colección de Hello Kitty. Mi mundo en la Ciudad de México era de restricción y estudio. Competitivo. Cuando me regalaron mi primer diario de Hello Kitty, empecé a escribir en él según la realidad que veía. Recuerdo que realmente yo practicaba para colocar las palabras en el diario de los eventos que sucedían, pero el análisis de los eventos me lo quedaba yo. El diario, sólo era una ayuda para tener presente la línea del tiempo en que sucedieron las cosas materiales.

Tuvimos un cambio en la casa derivado de que mi papá encontró un trabajo en Comisión Federal de Electricidad en Chiapas. Recuerdo que a menudo mi mamá lloraba conmigo por la inestabilidad económica que teníamos derivado de los cambios continuos de mi padre en el trabajo. Mi madre deseaba un esposo predecible y tranquilo como su padre, y realmente tenía una persona con un fuerte carácter, alguien que imponía su forma de ser y a la vez bohemio. Siempre he recordado a mi padre como alguien que aún en la peor adversidad, decía: “No pasa nada”. La chispa de enfrentarte a tus miedos más profundos y que no te dieras por vencido, me la dio mi padre. La disciplina por aprender y ser limpia, me la dio mi madre. La relación con mis hermanos siempre fue buena, y siempre estuvo basada en la convivencia y no hacernos daño los unos a los otros. Mi abuela paterna me enseñó a enfrentarme a los estereotipos religiosos convencionales y mi abuelo paterno el gusto por el enfrentarte a ambientes desconocidos. Como común denominador de las dos familias aprendí a enfrentarme a retos, a romper con lo establecido y labrarte un nuevo futuro, hacer cosas diferentes de lo que las demás familias hacen por seguridad. Las dos familias rompieron sus lazos con sus lugares natales (Yucatán) y se fueron a probar fortuna a Ciudad de México. Me crié en un ambiente en la Cd. De México donde en aquellos tiempos vivían las personas de buena posición social a diferencia de muchas personas de provincia que llegaban a instalarse a las afueras de la Ciudad de México. Mi abuela materna siempre me inculcó que éramos iguales a todos. Y que la frente siempre tenía que estar en alto.

Mis papás pertenecían a la Trova Yucateca en Toluca

Recuerdo a mi abuela materna rezando el rosario de vez en cuando en su cuarto. Cuando me ponía a rezar me aburría tremendamente porque no entendía para qué tenía que rezar de esa forma. Ella me decía que rezar fervientemente hacía que las peticiones se dieran, pero yo nunca había tenido que rezar para obtener lo que yo conformaba como pedido y se daba según lo que quería. Recuerdo que cada noche, conformaba una imagen de un niño varón en mis brazos y pedía que cuando me casara, tuviese un varón con ciertas características. Simplemente lo tenía en mi corazón. Mi abuela tuvo una gran influencia en mí, ya que me enseñó a tener fortaleza y a lograr lo que te propongas. Ella buscaba mucho lo que era justo.

Mi madre admiraba mucho su educación de secretaria bilingüe y nos enseñaba con mucho ahinco idiomas. Recuerdo que nos decía lo mucho que le había gustado su viaje a Europa antes de casarse y un pequeño cenicero del London Bridge siempre adornó la sala de la casa. Mi madre nunca fue de usar la chancla con nosotros. Era una madre amorosa y que siempre cantaba aun en las peores adversidades que podría tener. Me enseñó el recato, o como se dice en Mérida Yucatán: a ser «modosita», es decir, pudor. Cosa que me quedaba claro pero con el tiempo ví que ese término no era precisamente considerado por otras familias. Inclusive revisé el significado con la psicóloga y había discrepancias. Mi madre tenía un pensamiento de limpieza mental.

Un día le pregunté a mi papá que por qué le había gustado mi mamá, si el había tenido otras novias. Y recuerdo que me contestó: Por su pudor de mujer. Para algunas personas esto podría ser traducido como «apretada» pero la forma de ser de mi mamá era de limpieza de pensamiento. Lo recuerdo muy bien.

La relación con mis hermanos era muy buena y nos divertíamos aunque pasáramos dificultades económicas a veces. Con el tiempo, vi que mi familia era especial: Habíamos crecido con una mezcla de percepciones desde los abuelos, tíos, primos y padres. No fuimos una familia nuclear como tal.

En este espacio escribo más sobre la familia de mi mamá. Algún día hablaré sobre la familia de mi papá.

Si yo tenía una familia como muchas…¿Por qué entonces ese halo de tristeza? Algunos pensarían en una bipolaridad cosa que también pude pensar, pero no…Jesús me lo explicó más tarde y esa desesperanza terminó. ¿Cómo fue posible?

Jesús me lo explicó: Todas las energías nacemos con un propósito energético espiritual y mi propósito había estado siendo devorado por malas energías. Y la depredación causa tristeza sin sentido.

Una tarde de sesión con mi amiga psicóloga años después, vimos la película «Doctor Sueño» y ahí entendí todo: Yo estaba siendo devorada y no me había dado cuenta. Tenía que poder defenderme de la depredación para poder cumplir la misión encomendada por Jesús. El problema era poder definir la depredación y enfrentarte a ella. Yo creía que lo que veía en las películas era ficción, o sea no realidad. Jesús me empezó a enseñar a leer a través del mundo. Me explicó que lo que muchos le llaman canalización y sacan dinero de eso, no es necesario y que ahora podría leer del mundo, de la vida. Entendí que la causa de mi tristeza y por lo que me devoraban era algo muy simple pero a la vez complejo: El juicio sobre mi misma.

Yo no sabía que los «succionadores» existen.

«Sólo Dios enjuicia» dice la gente pensando que puedes hacer lo que desees y que realmente Dios siempre te perdonará porque nunca lo haces con mala intención. Pero Jesús me enseñó algo crucial: El peor juicio te lo haces tu mismo cuando no enfocas tu propósito como espíritu y tus acciones materiales. Cuando no escuchas tu consciencia y empiezas a perder la percepción espiritual.

Y entonces empecé a analizar mis propias acciones y mi propósito. Esto duró 6 años. Concluyó en 2021. Pude ser libre. Una nueva visión de esperanza se abrió en mi corazón. Corté con los succionadores.

Proyecto de inversión. Primer intento.

Cuando Jesús se nos apareció tanto a Andrew como a mí, empezó una serie de eventos en ambos países.

Recuerdo cuando platicaba en esos primeros momentos con personas a mi alrededor acerca de que Jesús se había aparecido en mi vida y me decían: «Pues si yo fuera tú no dudaría en absoluto y haría todo lo que ÉL me pidiera». Pensaban que ver a Jesús era sacarse la lotería y que todo los que ellos PIDIERAN (casi siempre material) se les tendría que dar y rápido. Pero no era así. Y mi primera afrenta fue cuando Jesús me pidió que me divorciara. Mi dolor era muy grande. Yo no sabía que Carlos ya había acabado su misión en la Tierra. Recuerdo que yo ya sabía que una vida anterior yo había estado ya con él en México, pero no pudimos tener un hijo. Así que en esta vida, Jesús le dio ese anhelo. Carlos siempre estuvo orgulloso de Javier. pero nunca pidió estar conmigo EN MI proyecto con Jesús, por lo que su tiempo conmigo había terminado.

Yo tenía un dolor por dentro que no sabía que era y que lo cargaba desde la niñez, una especie de melancolía. Yo no sabía la vida anterior a la de haber sido mexicana y sus implicaciones. Pero los británicos si entendieron mi dolor pasado. Ellos sí sabían quien era Elizabeth Tudor. Pero yo no.

El mayor dolor de la Reina virgen fue realmente haberse entregado al pueblo quedándose sin familia, y derivado de eso, los británicos me detectaron que por eso yo prefería a mi familia por encima de mi potencial de crecimiento en el trabajo. Andrew me dijo que revisó y habló con mis jefes de mis trabajos (¡¿Había venido a México?!), y qué SABÍA que los motivos de mis cambios de empleo eran por querer negociar tiempo y potencial de crecimiento al mismo tiempo. Yo estaba sorprendida. Me dijo que mis logros en ciencia eran muy buenos.

Lo primero que no podía creer es que realmente ellos CREYERAN que yo había sido Elizabeth I de Inglaterra. Mi conflicto era hacer el proyecto que Jesús quería pero sin el estrés y el miedo de mi vida pasada. Era algo que llevaba cargando. Tendría que perecer mi primera compañía derivado de mi miedo Tudor hacia España. Estaba viviendo dos vidas al mismo tiempo.

Una noche, estaba yo trabajando sobre un reporte de asesoría a una compañía sobre Prospectiva tecnológica y estaba emocionada por el desarrollo de esta modalidad que hice con una empresa de dispositivos médicos en Ciudad de México. Estaba yo escribiendo el reporte en el comedor del departamento que rentábamos en Lomas verdes en Naucalpan, Estado de México y entonces a eso de las 7 de la noche, sentí un sopor muy especial en mi cabeza y en mi nariz. Era como «oler» diferente. Y entonces la realidad cambió y apareció ÉL. Una entidad hermosa y mi departamento de Lomas Verdes desapareció y me vi en el espacio. Ví el piso pero estaba flotando. Y Él me dijo: He venido por tí.

Empezamos a viajar por muchos lugares fuera de esta galaxia. Vi hacia atrás hacia el planeta tierra y me dijo que ese planeta era muy pequeño comparado con la inmensidad del espacio. Recuerdo el viaje de mi cuerpo por el espacio, y algo me maravilló: La cantidad de percepciones de seres afuera, es decir, yo podía SENTIR miles de «emociones» o «sentimientos» que puedo recordar como calidez en algunos, frío en otros, pero el viaje era increíble. Viajamos un rato y entendí que él era algo así como el «Silver Surfer», una entidad llena de amor. Fue la primera vez que me dijeron que yo haría UN PLANETA.

Silver Surfer me dijo que el había estado conmigo cuando yo vivía afuera del Big Bang

Entendí que él tiene que ver con formas de materialización y me dijo que haríamos una nueva: Una nueva basada en el amor. El puede verte a través de tu espíritu, y había venido por mí. «Ten cuidado con lo que deseas porque se puede hacer realidad» me dijo. Yo estaba empezando a entender que las fantasías de niña se estaban haciendo realidad. Silver Surfer estaba en mi vida…Aunque usted…no lo crea. Le pregunté cómo los demás SABÍAN y me dijo: Ecos. Pero eso se va a acabar. Entendí que era cuestión de succionadores que después les diré.

Me sentí como en la película de «Contacto» de Jodie Foster, pero sin el equipo de astronauta. Eso no era necesario. Recuerdo muy bien la película cuando el sacerdote le pregunta a ella: Usted es científica, ¿Qué pasaría si se encuentra con seres del espacio exterior? Y ella le decía que como científica se ajustaba a los hechos y que Dios no existía para después cambiar. Yo lo veía diferente: Yo aplicaba el método científico: Si se me aparecían por lo menos tres veces entonces les empezaba a creer. Pero Jesús ya llevaba como 18 veces. Y ahora el «Silver Surfer» se me había aparecido. ¿Era real? Fue la primera vez que entendí el viaje al otro planeta. Pero tenía que ser con cero sufrimiento. Y eso quería decir que tenía que ubicar quién me estaba causando ESE sufrimiento. ¿Era yo u otro?

El mismo pesar de Jodie es el que he sentido cuando le digo a la gente de México lo que he vivido y que necesito ayuda.

Empecé a vivir en una mezcla entre la realidad y la ficción. Y como hablaba con Andrew acerca de Harry Potter, yo pensaba que lo que hacían los británicos era derivado de lo que podían ver y no de la imaginación. Me pregunté a mi misma si esto no era sólo de mi imaginación. Yo quería entender que era lo REAL. Yo había entendido que la Ciencia Ficción era producto de la imaginación, pero con el tiempo entendí que no es así realmente. Además, entendí que ellos sabían perfectamente acerca de las religiones del planeta y que con el cual ellos estaban era con Jesús, el mesías. Los demás no habían podido ascender. Estaban en la tierra todavía. Al igual que yo, muchos tenían «succionadores» adheridos a ellos.

Y entonces pasó. Una carta de la Reina Elizabeth II de Inglaterra con el sello de Palacio de Buckingham. ¿Eso era mi imaginación? Lo que me llamó la atención no era la carta (En México me decían que habían estafadores que podían clonar el sello para aprovecharse), sino lo que decía:

«La familia Lizama Soberanis es una gran familia. Deje atrás los recuerdos del pasado que la hacen sufrir. Cuando usted esté libre de sus pesares anteriores, la estaremos esperando para desarrollar el proyecto. Mientras tanto, la invito a conocer nuestro país. Sea usted bienvenida a Inglaterra»

Casi me desmayo de la impresión. Yo no sabía que la Reina estaba al tanto de todo lo que me estaba pasando. ¡La Reina!

Yo estaba dando clase en la UVM Lomas Verdes y estaban en proceso de cambios de perfil docentes y me dijeron que yo salía muy cara ya. Y entonces tenía en mis manos opciones: O me quedaba con lo que me ofrecía la UVM o me iba a una estancia a Inglaterra por tres meses. Tenía que permanecer en Francia y Reino Unido.

Tomé la decisión. Mi fin: Conocer a Andrew en persona y entender que era REAL y que no era una estafa como me decían en México. Me fuí con mi papá, pues Andrew me decía que me iría a ver y yo estaba reaccionando como en mi vida pasada: Andrew esta vez no voy a saltar sobre tí, le decía. Era como ver a un primo que no ves durante mucho tiempo.

Mi video preferido Bess y Robbie

Y preparé mi viaje a Inglaterra.

Jesús me dijo que la familia de mi mamá eran los Tudors. Enrique VIII, Jorge Bolena, María Bolena, María de Escocia y el papá de Ana Bolena. Yo no sabía bien quienes eran ellos.

Jesús había armado una nueva familia en México para aliviar los pesares anteriores. Había crecido con Enrique VIII y Ana Bolena. Armonía en los Tudors.

Tendría que conocer por primera vez mi pasado. Esto era más que una situación de la niñez. Era una cura espiritual de otro tipo.

¿Dónde quieres estar primero? Me preguntaron en Inglaterra. -Francia- les dije. Y luego llegaríamos a Londres. Nunca olvidaré el impacto que me causó el arribo a Heathrow.

¿Qué andas haciendo en México, Bety? Me preguntaba Andrew. Si hubieses nacido aquí…pero Jesús había decidido unir países de esta forma. Yo tenía vidas mexicanas y británicas. Y las estaba recordando todas una por una y después las uniría todas.

Lo extraño era que…Andrew podía hablarme a mi cerebro desde allá…y yo lo podía escuchar. Hicimos pruebas por Messenger. El me decía algo desconocido para mí…y yo lo escribía. Y luego se comunicaba ¡Y era lo mismo! ¿Cómo podía pasar esto? El anticipaba lo que yo pensaba…el podía verme a mi, por dentro. ¿Cómo podía hacer esto?

Vi algo crucial para hacer el proyecto que luego entendí: A la gente le empecé a decir quiénes eran de sus vidas pasadas y sus reacciones fueron diversas. El único que me dijo: Yo voy contigo 50-50 fue Andrew. Había entendido porque el fue mi favorito mi vida pasada. ARRIESGABA conmigo. El fue el único que me dijo: CONFIO EN TI. «Remember who you are», me dijo él.

Yo confío en tí. Me dijo. Y así empecé mi primer intento de empresa.

¿Qué harías con un nuevo mundo donde lo que deseas…se hace realidad? ¿Qué tipo de sueños podrían desarrollarse? Caprichos sin sentido… ¿O un mundo coherente basado en amor?

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Yo soy besstosh

¡Bienvenido a mi blog! ¿Sabes que hay una vida paralela desenvolviéndose en el mundo espiritual y que influye en tu vida material cotidiana? Pues si, desarrollé un nuevo método basado en un nuevo tipo de energía de amor, que me permite poder participar en la vida espiritual. Lo que veo y siento, te lo comunico aquí en el blog. ¿Quieres aprender a leer el nuevo lenguaje espiritual? Contáctame.

Vamos a conectarnos…

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